Tras dos años de bloqueo y más de veinte meses después de la celebración de las últimas elecciones, Irlanda del Norte vuelve a tener Gobierno. Termina así un periodo de 729 días en los que Stormont, como se conoce al Parlamento autonómico norirlandés, no ha ejercido sus funciones y ha tenido a la región sumida en una parálisis institucional que ya alcanzaba visos de verdadera crisis existencial (recordemos que, entre otras cosas, el modelo de gobierno compartido entre nacionalistas y unionistas es considerado por muchos uno de los pilares de la paz alcanzada tras la firma del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que restableció la asamblea legislativa norirlandesa después de más de veinticinco años de suspensión a causa del conflicto armado). Cierto es que, a estas alturas, los norirlandeses están más o menos acostumbrados a ver su Parlamento vacío —las constantes crisis políticas han hecho que, desde 1998, Stormont solo haya funcionado durante aproximadamente el 60 por ciento del tiempo— y a que la región la «gobiernen» como buenamente pueden los funcionarios de la Administración pública, pero los profundos y perniciosos efectos de esta última crisis sobre la financiación de servicios públicos esenciales para la ciudadanía hacían que la situación empezara a ser insostenible.
La victoria del Sinn Féin en las elecciones de 2022 y la investidura ayer como jefa del Ejecutivo de una nacionalista católica, Michelle O’Neill, son históricas en el contexto de una región que se diseñó, allá por 1921, para que estuviera controlada por los unionistas. Lo que un antiguo dirigente norirlandés describió en los años treinta del siglo pasado como «un Parlamento protestante y un Estado protestante», con Gobiernos exclusivamente unionistas en el poder durante la mayor parte de su historia, tiene desde ayer un aspecto muy distinto al que ha presentado durante los cien años anteriores. «Que fuera a llegar este día es algo que la generación de mis padres y mis abuelos no podría ni haberse imaginado», dijo ayer O’Neill en su primer discurso como ministra principal de Irlanda del Norte.
Aunque O’Neill no hizo ninguna referencia explícita en su discurso a la reunificación de Irlanda por la que aboga su partido, la nueva composición del Gobierno de Irlanda del Norte (a la que se suman las previsiones de una victoria del Sinn Féin también en las próximas elecciones en la República de Irlanda) sitúa la convocatoria de un referéndum sobre la pertenencia de Irlanda del Norte al Reino Unido más cerca de lo que nunca antes había estado. «El primer Gobierno del Sinn Féin en Irlanda del Norte resucita la idea de la reunificación de la isla», titulaba ayer El País. «Belfast hace historia y sella su primer gobierno liderado por el Sinn Féin: ¿cada vez más cerca la reunificación de Irlanda?», se preguntaba Celia Maza en El Confidencial. «Con el Sinn Féin en el cargo de ministro principal, ¿les ha llegado por fin su día a los republicanos?», escribía el corresponsal de The Guardian en Irlanda. Está claro que los guionistas de Star Trek se equivocaron con su predicción de «la unificación de Irlanda de 2024», y tampoco se puede vaticinar con seguridad cuál será el resultado en el caso de que efectivamente se acabe convocando un referéndum, pero no cabe duda de que la posibilidad de una consulta se empieza a vislumbrar en el horizonte de una forma que hace no mucho habría sido casi impensable.
Mientras esperamos a presenciar cómo se desarrollan los acontecimientos en el mundo real, es interesante ver cómo se han imaginado ese futuro los autores de ficción. Para ello, contamos con un divertido experimento literario llevado a cabo por una autora norirlandesa que aborda precisamente la celebración de ese referéndum. Para poder disfrutar de su lectura, solo hacen falta tres cosas: una conexión a internet, conocimientos suficientes de inglés… y una buena dosis de paciencia.
En 2021, la narradora y dramaturga Rosemary Jenkinson terminó de escribir Extraordinary Times, una «novela predictiva» de naturaleza polifónica y estructura episódica que transcurre en Belfast durante las dos semanas anteriores a la celebración de un referéndum sobre la unificación de Irlanda. Por esas mismas fechas, Jenkinson leyó un artículo sobre una pieza para órgano del compositor John Cage que lleva por título As Slow As Possible [Tan lento como sea posible] y que desde 2001 lleva interpretándose en una iglesia alemana en lo que aspira a ser el concierto más largo del mundo, con un cambio de acorde cada varios meses (casualidades de la vida, el siguiente tiene lugar justamente mañana) y cuyo final no está previsto hasta el año 2640. Inspirada por esta curiosa historia y pensando también en los tiempos en que las novelas de autores como Dickens o Zola se publicaban por entregas, tuvo la idea de hacer algo parecido con su libro.
Gracias a la participación de la biblioteca Linen Hall en el proyecto, el primero de los 32 capítulos de los que consta Extraordinary Times se publicó digitalmente en octubre de 2022, a lo que siguió la publicación del segundo un año más tarde. La idea es seguir sacando un capítulo cada año, lo que significa que la novela completa no podrá leerse hasta finales de 2053 y no será hasta entonces cuando sepamos (he dudado si utilizar la primera persona, pero hay que ser optimista) cuál es el resultado del referéndum ficticio que la autora nos presenta en su obra. ¿Y si antes de esa fecha se convoca el referéndum en Irlanda? Si eso sucede, la novela entera se publicará en ese momento y podremos comprobar en tiempo real si las predicciones de Rosemary Jenkinson se parecen en algo a lo que ocurra fuera de la ficción.
Los dos primeros capítulos pueden leerse aquí y aquí. Los siguientes se irán publicando en la página del proyecto en la web de la biblioteca Linen Hall.